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Oda La Nube

En la pieza Oda la Nube, la memoria nos refiere en cada fotograma a un recuerdo, una idea, una melodía que se mueve con el paisaje. Toda su interpretación está codificada en un lenguaje personal, que parte de la experiencia individual y se traduce desde ahí. En la exposición de Guía Para Un Cazador de Forma se les entregó la misma partitura visual a nueve intérpretes con distinto bagaje musical, que por ende, se tradujo en nueve lenguajes interpretativos de colores, tonos y ritmos particulares. Oda La Nube es un estudio visual del paisaje desde una codificación relativa a su lector. Durante un viaje por carretera desde Aguascalientes a Monterrey, vi una nube jugando en el paisaje detrás de los cables de luz. Comprendía que esa nube dibujaba una melodía. Documentaba una suerte de sinestesia, que con cada disparo transformó la información y la llevó a la memoria a través de la fotosensibilidad. Oda La Nube está planteada como una “partitura visual para solistas”. Requiere que la lectura sea individual. La sonoridad se desarrolla a partir del lenguaje y la memoria propias de su intérprete, quien con su melodía refleja el paisaje.

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